Asuntos triviales

Víctimas de la fatalidad…

Posted on: septiembre 10, 2012

Sábado, Septiembre 8, 2012, luego de dormir 3 horas solamente…

4:28 am

Lo miro desde el sofá, casi dormida, mientras sale del baño.

– Vamos tuti – me dice y salimos. Está muy oscuro y hace un calor muy pegajoso y desagradable.

4:30 am

Desde el costado de la casa veo al hijo de la vecina que se va a montar en el carro. Tal vez vaya al gimnasio pues lleva una camiseta y chort. Me asombra aunque es normal que los jovencitos madruguen para hacer ejercicios.

4:35 am

Él enciende el carro, yo tengo mucho sueño. Él apaga la luz y arranca. El hijo de la vecina sale antes que nosotros y las luces de su carro se extinguen en la distancia. Salimos. No hablamos, el sueño no cede, solo pienso en regresar para acostarme de nuevo.

4:38 am

Nos detenemos en la señal de STOP de la esquina. Él mira a la derecha y no viene nadie, mira a la izquierda y tampoco…

El tiempo se detiene

Recuerdo que él miraba a la izquierda pero yo miraba al frente. Todo ocurrió en fracciones de segundos.

– ¡Cuidado! ¡Cuidado! – grité.

El impacto fue bien fuerte, seco, sordo. Me quedé de piedra.

No sé cómo describirlo. Un carro apareció de la nada por la derecha, precisamente viniendo de la dirección a la que debíamos doblar nosotros. Lo más insólito es que venía de marcha atrás y a muchísima velocidad. Se incrustó de lleno contra el frente de nuestro carro con la parte derecha de su defensa hasta quedar todo su flanco clavado en el frente de nuestro carro.

Arian se bajó.

– ¡Pero tú estás loco asere!

Yo estaba nerviosa, no podía reaccionar aún. Solo cuando vi que era el vecino que había salido unos segundos antes que nosotros volví en mí. El muchacho le decía que no llamara a la policía, que él le había llevado el carro a su mamá y que él ni siquiera tenía licencia. Estaba muy nervioso y lloraba, le pedía perdón a Arian sin cesar.

– Yo acabo de comenzar en una pincha nueva loco, me has desgraciado la vida.

– El problema no eres tú, yo te pago, yo trabajo, nos podemos arreglar. El problema es el otro que choqué allá alante.

Cuando escuché eso me bajé del carro. Él estaba nervioso, le decía a Arian que él le pagaba poco a poco, que su mamá no podía enterarse, que no llamara a la policía. Arian no decía nada, solo se ponía las manos en la cabeza. Yo solo los miraba y sentía mareo.

El muchacho se montó en el carro y arrancó, diciendo que iba a parquear, que regresaba enseguida, que no llamáramos a la policía. Sacó el carro y al dar la vuelta volvió a chocar, esta vez contra nuestra defensa trasera. Arian le gritó:

– Pero loco mira lo que haces, me vuelves a dar.

Yo me asustaba. Arian estaba molesto, solo pensaba en el trabajo nuevo, en el carro hecho mierda, en el clase de problema en que nos había metido ese chiquito. Yo caminé hasta el frente del carro. Casi lloro.

La defensa completa hecha pedazos y en el suelo, el foco izquierdo destruido, el capó levantado, la pintura del capó raspada, el chasis del frente hundido completamente hasta el radiador que quedó jorobado, el embace del líquido de la transmisión destrozado y la manguera suelta, el guarda fango izquierdo montado, la puerta prácticamente no abría. Mi tapé los ojos intentando que al abrirlos aquella imagen se hubiera ido pero no.

– ¡Llama a la policía! – le dije a Arian.

Él titubeaba, yo sé que a él le pesa hacerle daño a los demás, a mi también pero no era cuestión de hacer daño, era cuestión de hacer lo correcto. El muchacho regresó enseguida y le repetí a Arian que llamara a la policía. El muchacho se puso nervioso y me pidió que no hiciera eso.

– Tú estás muy mal – le dije -. Acabas de chocar a alguien más, me chocaste a mi. Si no llamo a la policía mañana matas a alguien.

En ese momento se hizo el silencio, no sabía qué hacer, Arian no sabía qué hacer. Miramos a la otra esquina y se acercaba una patrulla. Por la otra esquina venía otra. El muchacho no dijo nada más, se quedó quieto, nosotros también.

Se bajó una policía, bajita, caractosa, con ese aire que tienen todos los policías de que están en la cima del mundo – si, de su propio mundo de mierda.

– ¿Qué pasó?

– Nosotros paramos en el STOP y él apareció de la nada, de marcha atrás a tremenda velocidad y se estrelló contra nuestro carro – le dije. Ella no comprendió y tuve que repetírselo varias veces. Obvio, ¿quién maneja de marcha atrás y se impacta contra un carro en un STOP? Supongo que estaría pensando que era uno de esos choques preparados y que mi cuento era el más malo de todos los que había escuchado. Le preguntó al muchacho.

– I hit them – dijo él. Ella preguntó cómo, en inglés y él le explicó que venía de marcha atrás y que nos golpeó. Ella no comprendía por qué él venía de marcha atrás. Yo no decía nada, Arian tampoco. La otra parte de la historia no era problema nuestro, él tenía que decirla. Enseguida llegaron dos patrullas más, una de la brigada canina incluso. Los cuatro policías lo rodearon y siguieron haciéndole preguntas, cada vez más agresivos, con más actitud.

– I’m not scared of you guys – dijo él.

– ¿No? ¿And what are you scared of then? – le dijo ella, la más agresiva de todos.

Él le explicó que su mamá no sabía nada, que él había cogido el carro a escondidas para ir a Mc. Donalds. Comenzó a llamarla por teléfono. La policía entonces preguntó dónde estaba su carro, por qué lo había movido. Él le dijo que no quería que su mamá se enterara. Ella se irritó aún más, diciéndole que eso era un crimen, que él no podía mover el carro de una escena de accidente. En eso uno de los otros policías saltó y dijo.

– You know what, you’re going to jail – e intentó agarrarle la mano. Él reaccionó por impulso quitando la mano y entonces todo cambió en un momento.

Ellos se pusieron defensivos, desafiantes. Él estaba parado en el medio, indefenso, no se movía, solo decía “Yo no he hecho nada, solo espero a mi mamá”. Los policías sacaron las pistolas de taser y comenzaron a amenazarlo, empujándolo en el medio de los cuatro y a gritarle insultos. Lo agarraron mientras él seguía diciendo “Pero yo no he hecho nada, solo estoy esperando por mi mamá, ella ya viene”.

Yo comencé a llorar y a gritar. Recuerdo que dije “Pero yo no quería que le pasara nada” y Arian me abrazó. Lo empujaron al piso, le pusieron las rodillas en la espalda mientras ella le gritaba “You are a pussy, what are you gonna do now?” y los demás lo apretaban contra el asfalto. Yo no podía dejar de dar gritos y Arian me metió dentro del carro. Solo escuchaba los insultos y los gritos y me tapaba los ojos. Los abría de nuevo para ver como lo levantaban a la fuerza mientras su mamá llegaba llorando. Arian solo decía “No, no!!! ¿Por qué?”

Lo metieron en una patrulla mientras llegaban más policías. No sé lo que pasó por un rato pues yo no podía dejar de llorar. Cuando me calmé salí y Arian me volvió a abrazar. Habían ya como 7 patrullas y comenzaban a acercarse algunos vecinos.

Un viejo gringo de la otra cuadra vio todo. El muchacho se estrelló contra una camioneta que estaba parqueada y la subió en la acera. Se dio a la fuga de la escena, marcha atrás y al llegar a la esquina chocó contra nosotros. El señor enseguida llamó a la policía, por eso aparecieron tan rápido. Todo el mundo comenzó a hablar del tema. Luego vinieron algunos policías a preguntarnos si habíamos visto como el muchacho empujó a un oficial. Dijimos que no pues no sucedió, él nunca hizo nada. Todo quedó ahí.

Llegó el sobrino de la madre del muchacho, un policía encubierto y finalmente no le pusieron un DUI (driving under the influence, manejar intoxicado) ni los cargos de agresión a un oficial y resistencia al arresto. Se lo llevaron preso y lo sacaron bajo una fianza de $600 con $5 mil aproximadamente en multas. La madre no tenía cara para mirarnos, ni nosotros a ella.

Fue un día horrible.

***

Me tomé un calmante y dormí 3 horas, de 7 a 10 am. Llamé a Cuba y hablé con mi mamá y mi abuela, las dejé bastante tranquilas. Me pasé el día alteradísima, con una sensación de pérdida, de vigilia horribles. De pronto estaba eufórica y de momento anonadada, como en shock. Tenía mucho sueño, mucho cansancio pero al cerrar los ojos solo revivía los hechos una y otra vez. Comenzaba a pensar: “y ahora cuántos días vamos a estar sin carro, cómo busco trabajo, cómo hacemos los mandados, cómo me voy a mover, y si el seguro no paga, cuánto demorará el proceso, etc, etc, etc.”

En la tarde me tomé otra pastilla pero tampoco me dormí. Me dormí muy tarde, muy tarde. Desperté a las 10:30 am, adolorida, tensa, cansadísima.

Son las 3:20 de la madrugada del lunes y aún no puedo dormir.

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2 comentarios to "Víctimas de la fatalidad…"

por lo que leo, el actuar de la policía influyó mucho en tu nerviosimo, no ayudó en nada sino que más bien estuvieron a punto de poner las cosas peor… varias muertes han habido por esas pistolas taser incluso entre personas jóvenes cuyo corazón no soporta la descarga eléctrica… los perros son mejores para intimidar, bien entrenados atacan los brazos de la persona violenta y lo limitan… además, los ladridos intimidan generalmente incluso a personas con armas de fuego pues si disparan los agentes abren fuego, lo he visto en programas que ponen acá, el uso de los perros como una mejor variante… no estoy a favor de ninguno de los dos extremos: ni una policía represiva e inescrupulosa ni de una policía educativa que no inspire respeto en el delincuente pero evidentemente, este no era el caso para desplegar brutalidad policial… quizás temieron estuviese drogado y armado, nadie sabe… las preguntas las haré por nuestra vía privada, solo adelanto una: no hay un equivalente de palmira en los estados unidos?…

ufffff, qué fuerte Izma!!! espero que se te haya pasado el susto. Cálmate y no te preocupes. ya verás como todo se soluciona.

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